LA SABIA DE CORIA

CAPÍTULO VIII

RECOMENDACIONES SOBRE LAS TENTACIONES


1.     Sabed que las tentaciones que más fácilmente os harán dudar o caer en el engaño serán las que vienen disfrazadas de buenas obras y en forma de la vanagloria de sentiros adelantadas en el camino de perfección, así que evitad los engaños del mundo y estad prevenidas.


2.     Evitad las conversaciones necias que en nada contribuyen a vuestra perfección pero, sin embargo, distraen, alteran y pueden ser motivo de tentaciones muy larvadas.


3.     Sabed que el demonio es especialmente envidioso del consuelo y de la paz que gozan las almas en la oración de unión que, oscurecidos sus sentidos y potencias, alcanzan quedar postradas al contemplar la grandeza y gloria de Dios, porque el demonio goza más con turbar y distraer a un alma virtuosa que ganar para sí a un alma pecadora.


4.     Estad siempre atentas a la imaginación porque se muestra traviesa cuando más quieta desea estar el alma, pues trae y lleva, estando el alma en oración y recogimiento, figuras disparatadas, impuras muchas veces, horrorosas siempre y sin lograr divertir el ánimo nunca.

    Lograd que no os inquieten o perturben estas imaginaciones sino, por el contrario, que os sirvan de llamadas a los sentidos y potencias para recogeros más en la oración, como el recuerdo que hacen las campanas llamando a la santa misa, y sabed que es difícil dejar las malas imaginaciones para pensar y meditar en cosas buenas y edificantes, pero con la ayuda de Dios y buena disposición de la voluntad, lo lograréis.


5.     Rechazad los pensamientos dulces y sabrosos, porque no os encaminarán el alma a Dios; más bien la harán fijarse en ellos actuando como tentaciones encubiertas.


6.      Evitad que las tentaciones os hagan guerra y os hagan faltar a los votos que libremente habéis profesado, dominando todos los sentidos y potencias de vuestro cuerpo con ayunos, disciplinas, cilicios y otras penitencias, porque si tenéis el cuerpo flaco y débil haréis mayor resistencia a las tentaciones de la carne y no daréis lugar a que las tentaciones triunfen deshonestamente en vosotras.


7.      Estad en alerta siempre, porque el demonio, envidioso de vuestras virtudes, intentará turbaros en vuestras oraciones, servicios y obras con tretas muy distintas y todas engañosas.


8.      Prestad mucha atención a vuestros sentidos corporales, porque son las puertas por donde pueden entrar las tentaciones a vuestras almas.


9.    Estad siempre alerta y no os dejéis engañar en las potencias del alma por las tentaciones que mediante formas y noticias engañosas pretendan engendrar en vuestras almas virtuosas la soberbia, la vanagloria, la envidia, el odio, la avaricia y la ira para que no estén vacías vuestras almas de todo lo que no es Dios.


10.    Decid a vuestro pensamiento cuando no entra el recogimiento: desatento, cómo delante de tu Dios te quedas distraído; vuelve en ti y recogido advierte lo que haces para que solamente hagas lo que dispone tu Dios.


11.    Permaneced alerta, aún estando en el mayor grado de perfección, porque cuando vuestras almas estén en soledad y recogimiento, recibiendo muchas y grandes mercedes que produce la unión con Dios, el demonio intentará por medios muy distintos y engañosos distraeros y turbaros especialmente con temores y estruendos. Y si no consigue haceros caer en las tentaciones, al menos intentará romperos o dificultaros el recogimiento.


12.    Sabed que el demonio con especial interés emplea todo su poder y tretas para distraer y turbar a las almas virtuosas con el fin de impedirle, con sus tentaciones, que alcancen el recogimiento gozoso de tener puestos todos sus sentidos y potencias en amar y servir a Dios y al prójimo.


13.    Sabed que el demonio no descansa y aprovechará cualquier descuido para tentaros con sus tretas y, disfrazando el mal para que parezca cosa buena, os intentará oscurecer o nublar el entendimiento y la voluntad para engañaros con falsos gozos, con el fin de que anide en vosotras la vanidad y la soberbia.

        Estas tentaciones las padecen, si Dios las deja de la mano, incluso las almas más desprendidas y apartadas de las cosas del mundo y de más alto grado de perfección de unión a la voluntad de Dios. Pero que ello no os aflija, porque antes de cometer una falta recibiréis avisos interiores de muchas formas para que veáis los peligros del mundo y de la carne y los rechacéis. Siempre recuerdo que siendo muchacha, cuando una compañera de juegos me quería llevar por caminos peligrosos, oía una voz interior que me repetía: María, no vayas que te pierdes.


14.    Tened mucha precaución y temor cuando tengáis pensamientos flojos, no impuros ni de peligro de caer en falta, y procurad desviarlos, porque aunque no son malos, son muy pegajosos y, sin el miedo de caer con ellos en faltas, os podéis dejar llevar ya que al ser débil su llegada no dispara las alarmas, como sucede cuando los pensamientos son maliciosos y de fuerza.


15.    Sabed que el propio cuidado que pongáis en no pensar nada, puede despertaros el pensamiento a pensar mucho.


16.     Recordad para no caer en las tentaciones que habrá momentos en vuestro camino de perfección en los desearéis abandonar e incluso morir, lo cual es una irreverencia, porque os parecerá equivocadamente más fácil el morir que el vivir.


17.     Sabed que el demonio puede presentarse en vuestra memoria con formas, noticias y discursos, y por medio de ellos afectar al alma generándole soberbia, vanagloria, avaricia y envidias.


18.     Estad atentas a los pensamientos nacidos en los instintos malos que se suelen presentar disfrazados de buenos para no levantar sospechas y que, mezclados con los buenos pensamientos, resultan a la hora de consentirlos muy difíciles de reconocer.


19.     Pensad en lo que sois, sino un montón de tierra en forma de cuerpo a quien, para que no os haga malos oficios tentando al alma, habréis de frenar, para que no se desboque, y a quien habréis de sufrir tantas falsedades, indecencias, descortesías e inmundicias.


20.     Sabed que los métodos más seguros para luchar contra las tentaciones son evitarlas, correr de ellas y debilitarse la carne.


21.     Tratad al demonio como a las sabandijillas que se crían de vuestra carne y sangre y se abrigan entre los pliegos y costuras de vuestras ropas. Cuando os tienten, las buscáis y hallándolas, les dais fin y con eso descansaréis, y si no las halláis, es que han huido y os ahorráis el trabajo. Así que si las tentaciones de la carne os hacen guerra, buscadlas y quitadles, con la oración y la penitencia, la vida y así descansaréis y evitaréis el riesgo en que estáis.


22.     Recordad cuando sufráis tentaciones que si el Gobernador de una ciudad amurallada, bien defendida, no quiere rendirla al enemigo, tema su conversación.


23.     Temed los pensamientos que divierten y que familiarmente halagan, porque desordenan las almas en la confianza de que no traen veneno siendo muy grande el mal que traen al distraer vuestras almas del fin que buscan.


24.     Temed dejaros llevar por los pensamientos flojos o débiles y empalagosos, ya que su llamada no os despertará las alarmas, cosa que sí sucede cuando los pensamientos son maliciosos y de agudeza, que sí avisan y ponen en centinela contra ellos, por si es necesario que os pongáis rápidamente a la puerta del alma, que son los sentidos y potencias, para cerrarla.

ORACIÓN

¡Oh, Señor mío! Dadme trabajos si gustáis que os goce bien mi alma, pues descanso padezco porque queréis. Quiero sufrir porque os halláis bien en quien sufre por amar y servir. Sufra yo, Señor, y tendré en mí el gusto de agradaros. Si deseáis mis dolores eso quiero amar, porque amo lo que os gusta. Dadme, Señor, la materia de los sufrimientos que yo no puedo causar en mí, para que pueda, con vuestra ayuda, quererlos, pues así querré yo lo que Vos queréis.




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