LA SABIA DE CORIA

CAPÍTULO XIV

INSTRUCCIONES Y AVISOS SOBRE LAS SEQUEDADES Y TRIBULACIONES DEL CAMINO DE PERFECCIÓN


1.     Recordad que el meditar sobre la brevedad de la vida presente y la eternidad de la vida futura os será de gran consuelo en los momentos de tribulaciones o sequedades.


2.     Recordad que cuando tengáis tribulaciones y sequedades, esto también es hablar con Dios, pero sin recibir regalos, y comunicar con el Señor sin recibir paz y consuelo.


3.     Suplicad a Dios con fe y esperanza en la tribulación y seréis confortadas, alumbradas y enseñadas, y dad gracias a Dios humildemente en la quietud y el consuelo y no caeréis en la soberbia o la vanidad.


4.     Sabed que podréis vencer las sequedades porque el Señor os dará siempre la fuerza, la paciencia y el amor necesarios para sobrellevar las tribulaciones y vencer los obstáculos del camino de perfección.


5.     Recordad, para no desfallecer nunca, que en el camino de perfección el Señor, para perfeccionaros, puede que os haga sentir su aparente ausencia con el sufrimiento de sequedades, fuerte desamparo, fuerte desolación, angustia o tribulación que os producirá una pena insufrible que solamente el Señor, todo bondad y misericordia, os puede ayudar a quitar.


6.     Recordad cuando sufráis sequedades que al mismo tiempo y de forma proporcional que aumenten vuestras sequedades y sufrimientos, Dios os aumentará las fuerzas y virtudes y al final, las que esperéis con fe viva, recibiréis la paz y el consuelo por la gracia, bondad y misericordia de Dios.


7.     Confiad siempre en la ayuda del Señor, porque en ocasiones sentiréis sequedades en vuestras almas al creer erróneamente que Dios se ausenta de vosotras y entonces os llenaréis de desolación, abatimiento, tristeza, angustia y os desfallecerá el corazón roto por el dolor de creer que Dios ya no os escucha como antes. Éste es el momento de que pidáis con mayor razón al Señor, todo bondad y misericordia infinita, que escuche vuestras oraciones y abra sus oídos a vuestros ruegos que imploran consuelo y paz y que no permita que flaquee vuestra esperanza que os inspira la fe de creer ciegamente en la misericordia de Dios que no os ha de faltar nunca ante toda sequedad que os aflija el alma.


8.     Orad con más razón que nunca para que Dios os ayude cuando sufráis sequedad, tinieblas y desamparo y no penséis que se trata, aunque lo parezca, de una verdadera ausencia de Dios.


9.     Sabed que cuando vuestras almas sufran oscuridad y sequedades, el único remedio que hay para seguir avanzando en vuestra vida de perfección es orar suplicando ayuda a Dios y esperar que su misericordia, cuando quiera y como quiera, os llene nuevamente de luz, consuelo y de paz.


10.   Sabed que Dios no quiere que vuestras almas sufran tribulación; así que si las padecéis es por la inclinación a las cosas del mundo de vuestras almas de religiosas principiantes en el camino de perfección, porque el alma virtuosa encuentra paz en las cosas de este mundo en las que las personas no virtuosas encuentran tribulaciones y penas, ya que el alma hasta que no alcanza cierto grado de perfección no entiende claramente a diferenciar entre el bien y el mal y entre la verdad y la mentira.


11.   Confiad en Dios, con fe viva, en las tentaciones y en las sequedades porque recibiréis la ayuda del Señor que siempre está vigilante y protector de las almas que le aman y le sirven sin interés. Sabed que el Señor, donde se os cierran ventanas, os abrirá puertas y además os las abrirá por el sitio menos pensado para vosotras según sus secretos o designios, que son muy grandes y diferentes a como los humanos entendemos y juzgamos las cosas del alma. Este no entender los secretos de Dios, si no lo asumís con fe y esperanza, os puede producir sufrimientos, pero luego cuando os unáis cada día más a la voluntad de Dios, ese mismo padecer os producirá, con la ayuda de Dios, alegría, paz, consuelo y una gran satisfacción.


12.   Sabed que como almas virtuosas que sois sufriréis voluntariamente muchos sacrificios y trabajos, pero además el Señor os puede conceder enfermedades crónicas invalidantes que os produzcan dolores insoportables como el camino más frecuente para padecer imitando a Jesucristo, pero Dios os dará la paciencia y fuerza necesarias para soportar tanto sufrimiento, ya que Dios no os dará nunca más padecimientos de los que no podáis resistir.

        Estos dolores y trabajos del cuerpo, aunque grandes, serán pequeños si los comparáis con los trabajos, tormentos, turbaciones y tribulaciones que padeceréis en vuestras almas virtuosas cuando creáis equivocadamente que, por vuestras faltas anteriores, cuyo recuerdo tendréis siempre presente, no os permitirá Dios que alcancéis la merced de gozar de los efectos de la oración de unión de amor con Dios, porque en estos momentos de sequedad entraréis súbitamente a padecer una pena insufrible en la cual vuestros sentidos y potencias se os nublarán y pensaréis erradamente que Dios os ha abandonado por ruines y pecadoras y que no sois merecedoras de que Él os haga ninguna merced y que todos los gozos que empezáis a tener por empezar a vislumbrar algo sobre la grandeza y gloria de Dios han sido un sueño, antojo o una melancolía. Y sabed que a estos sufrimientos interiores no encontraréis consuelo como antes, sin embargo tenéis que permanecer con mayor razón en oración suplicando que la bondad y misericordia de Dios, que es el único remedio a las sequedades, os devuelva como quiera y cuando quiera la luz, el consuelo y la paz que creeréis haber perdido.

ORACIÓN

¡Oh, Dios mío! Mi alma siente una pena sabrosa y un dolor amoroso cuando me llamas y siento Tu presencia, porque no te manifiestas claramente para que pueda gozar clara y enteramente de Tu presencia, así que deseo morir para salir de este destierro y estar junto a Ti.

 




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