LA SABIA DE CORIA

REFLEXIONES SOBRE LA MUERTE

1.     Sabed que el Señor es la muerte de la muerte para las que vivís en unión con Él y os llevará a vivir una vida nueva, que es la vida espiritual de perfecta unión con Dios.


2.     Sabed que a veces desearéis morir, que es una irreverencia, para veros libres de la carga que supone el cuerpo mortal pero, al mismo tiempo, pensaréis que es un pensamiento egoísta no seguir viviendo para poder seguir sirviendo a Dios y al prójimo, y trabajando sin descanso para salvar más almas.


3.     Purgad los sentidos y potencias del alma de los apetitos y pasiones que os impiden alcanzar la perfección de la vida espiritual de unión de amor con Dios, que es como gozar de la gloria en esta vida. Si alcanzáis esta perfecta unión de amor con Dios, lograréis la muerte de la muerte de esta vida terrenal.


4.     Transformad vuestras vidas dándoles una razón de ser que sobreviva a la propia muerte.


5.     Sabed que si ponéis mucho cuidado en olvidar os predisponéis a tener presente lo que no deseáis. No os acordéis que queréis olvidar sino olvidad, porque la que trabaja en olvidar se acuerda. No os acordéis que con eso os olvidáis.


6.     Vivid los retiros espirituales con una soledad que se sienta y que os hable desde el más absoluto silencio.


7.     Sabed que las palabras que el Señor mejor oye son las dichas en silencio y soledad, porque el silencio es el grito más fuerte.


8.     Recordad que para servir verdaderamente a Dios, con entrega y alegría de amor puro, tenéis que hacerlo en soledad y silencio, sin importaros que no os tengan por virtuosas.


9.     Meditad en la soledad y recogimiento de vuestras celdas en la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sobre cada pasaje, y ello os ayudará a no sentir que estáis abandonadas del Señor cuando sufráis tribulaciones o soledades.


10.   Pensad en la muerte para que no os coja desprevenidas, que ese recuerdo, si no os la hiciere dulce, os quitará su amargura. Consolaos pensando en la muerte, y deseadla, no por acabar la vida que os da el Señor, sino porque se concluya la libertad para pecar y para que por esa vereda se os adelante el gozo de una vida sin dolores, sin achaques, sin penas y llena de consuelos y de gloria, en presencia de Dios.

         Sabed que al igual que hay hierbas medicinales que quitan el desmayo y el desaliento, la memoria de la muerte quita el miedo que nos embaraza a volar al descanso eterno. Muy natural es mirar la muerte sin miedo y más vosotras que no habéis gustado las riquezas y vanidades con las que otros se divierten.


11.   Pensad que quien vive bien no muere mal, ni teme lo que no puede impedir.


12.   Pensad, quién no desea llegar a puerto después de una navegación larga y peligrosa; quién no descansa llegando al final de su viaje; cómo no se ha de alegrar quien se acerca a su pueblo, donde se ha de ver con los familiares y amigos; quién está tan ciego que no se cansa de las miserias que aquí pasamos y hace diligencias para asegurarse una buena muerte para ir al cielo donde reina Dios.


13.   Sabed que la vida que termina en la muerte no puede ser vida auténtica, porque la vida auténtica, la vida verdadera no conoce la muerte, nunca muere. Seréis separadas del cuerpo y si estáis demasiado identificadas con él, la separación del alma parece una muerte, pero si creéis que sois alma, entonces no teméis, ni hay muerte.


ORACIÓN

¡Oh, Señor mío! Gracias por darme a entender cuándo moriré, porque pudiéndome sacar de esta vida con muerte arrebatada, me quieres llevar justo junto a Ti dándome tiempo para disponerme a morir santamente.

 




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