LA SABIA DE CORIA

RECOMEND ACIONES SOBRE LA HUMILDAD


1.     Sed cada día más humildes hasta llegar a lograr que vuestra humildad sea tan grande que sintáis pena si sois alabadas.


2.     Sed humildes y os libraréis de caer en la soberbia y la vanagloria.


3.     Dad por servir a Dios todo y para vosotras mismas nada. Y a pesar de ello, las que logréis verdaderamente ser humildes, no os sentiréis bien nunca, porque todo lo que obréis siempre os parecerá poco para dar a Dios, que es todo bondad y misericordia y al que todo se lo debéis.


4.     Sabed que ni en los servicios y buenas obras quiere Dios que tengáis gusto las almas que le desean servir, sino humildad.


5.     Aplacad al enojado mostrándoos humildes y hablándole con palabras suaves y dulces.


6.     Sabed que la grandeza de vuestra humildad y el callado amor es lo que más mirará Dios en vuestras almas.


7.     Sabed que la humildad verdadera, cimiento de toda virtud, la alcanzaréis cuando penséis que no merecéis gozos y consuelos del Señor, ni los deseéis recibir, porque penséis que vuestros servicios y obras no tienen mérito, ya que las hacéis ayudadas por la gracia de Dios. Amad y servid a Dios solamente por su grandeza, sin mediar interés, sin esperar recompensas y si sois alabadas por los demás, deberéis sentir sufrimiento por no estimarlo justo.


8.     Sabed que la mayor virtud es ser humildes, es no pensar en vosotras mismas ni en vuestras cosas. Ser humilde es no desear ninguna cosa buena para vosotras mismas, sino para los demás y no desear ningún mal para los demás, sino sólo para vosotras. Sabed que ser humildes es muy difícil, por eso esta virtud es más apreciada por el Señor.


9.     Elevad con modestia y humildad vuestras oraciones, pensamientos y obras al cielo, porque sabed que más alto los eleva quien más rendido y bajo se muestra.


10.   Sed humildes en las palabras y en las obras y anteponed en todo las cosas de los demás a las vuestras y desead siempre ocupar el último lugar. No penséis ningún bien de vosotras, sino de los demás.


11.   Dad gracias a Dios con toda humildad por haber tenido la dicha de ser llamadas por Él y haber entendido su llamada.


12.   Sed humildes, porque el Señor ama mucho la humildad de aquellas almas que reconocen la verdad y ven que sólo tienen miserias y que sin la ayuda misericordiosa de Dios no son nada. Y sabed que la que de vosotras se crea virtuosa, vive muy engañada y corre el peligro de caer en la vanagloria y la soberbia que conducen al pecado y al alejamiento de Dios.


13.   Pedid al Señor que mire misericordioso vuestras almas para perdonarlas, limpiarlas, alumbrarlas y llenarlas de gracia, porque aunque Dios se olvida de todo cuanto perdona, sin embargo, a vosotras os conviene recordar las faltas pasadas para ser siempre humildes y agradecidas al Señor.


14.   Pedid al Señor, porque el Señor quiere que le pidáis y deseéis estar en su presencia. Pedid al Señor bajando los ojos y esperar con humildad que os conceda lo que le habéis pedido o lo que Él secretamente sabe que más os conviene en ese momento.


15.   Sabed que al Señor le agradan vuestras oraciones, ayunos y penitencias, pero mucho más desea que sirváis y améis a los demás con humildad verdadera y amor puro. Y también sabed que el Señor se fijará y agradecerá más la calidad y dificultad personal de vuestras obras que la cantidad de las mismas.


ORACIÓN

¡Oh, Dios mío! Tuya es mi vida,
dueño eres de mi alma y así, como me la diste
sin pensar yo en ella, puedes quitármela.
Muchos años he vivido sin saber que vivía
y sin pensar que en cada instante muero
, así que sólo quisiera pensar en estos días que me das de plazo en morir santamente.
Sea, Señor, este tiempo para que este cuerpo de tierra deje libre al alma y para que llegue,
sin resabios de mortal,
a gozarte.

 




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